Dresde: ciudad verde a orillas del Elba
En la capital sajona pueden combinarse maravillosamente vacaciones culturales y de recreo
"Dresde era una ciudad maravillosa", recuerda el escritor Erich Kästner, nacido aquí en 1899.
"La historia, el arte y la naturaleza flotaban sobre la ciudad y el valle como un acorde encantado
por su propia armonía".
Cincuenta años después de su destrucción en la Segunda Guerra Mundial, Dresde ofrece nuevamente el
encanto de una ciudad artístico-cultural ubicada en el valle del Elba, con atmósfera algo
meridional; pero es también a su vez una creciente metrópolis económica.
El visitante experimenta en Dresde de diversas maneras la preocupación de los hombres por la naturaleza.
El Zwinger barroco, la Ópera de Semper, la colección de pinturas "viejos maestros"
(uno de los 30 museos de la ciudad), el resurgiente Palacio renacentista y la Iglesia de
la Corte en el centro histórico, constituyen un paisaje urbano erigido sobre un
suave recodo del río Elba.
Vivir en contacto con la naturaleza era un ideal que determinaba el modo de
construcción en Dresde desde el romanticismo.
Ya el primer plan moderno de construcción alemán de 1863 preveía extensas áreas
verdes en los barrios al prohibir continuas construcciones adyacentes. A este plan le debe
Dresde la existencia de una extensa zona de la ciudad similar a un parque, que va desde
la Ciudad Nueva (Neustadt), pasando por los barrios de Weisser Hirch, Loschwitz y Blasewitz,
hasta Striesen.
No siendo estas partes de la ciudad con su diversidad arquitectónica, vida cultural
propia y locales típicos los únicas dignas de ser visitadas.
A los entonces “padrinos” de la ciudad debe agradecérseles el que las praderas a orillas del
río se extiendan hasta el mismo centro, ofreciéndoles así recreo a los ciudadanos e
incluso pasto a algún que otro rebaño de ovejas.
En el barrio Hellerau fué más consecuente aún la realización a principios de siglo de la
idea de vivir y trabajar cerca de la naturaleza. Aquí surgió la primera -completamente
conservada- ciudad jardín de Alemania.
El Museo Alemán de la Higiene, inaugurado en 1930 y dedicado especialmente a esta fructífera
combinación entre naturaleza y cultura, es además una reconocida sede de congresos.
Quien desee hacer algo por su salud durante su visita a Dresde puede dirigirse a alguno de
los centros deportivos, por ejemplo en los principales hoteles.
Pero otras experiencias de tipo no solo deportivo también pueden ser: jogging en el gran
jardín (Großen Garten), caminatas en la Heide o landa, o una excursión por la senda para bicicletas
que se extiende a orillas del Elba desde Dresde, pasando por el palacio barroco de verano en
Pillnitz y a través del parque nacional, hasta la frontera checa, a 50 km de distancia de la ciudad.
A las afueras de la ciudad se encuentran los campos de golf en Herzogswalde, Possendorf y
Ullersdorf, que invitan a una selecta actividad deportiva.
Todo está previsto también para después del deporte. El atractivo nocturno de la ciudad lo
garantiza su rica vida cultural con la ópera estatal sajona, la Staatoperette y el teatro
estatales, la filarmónica, numerosos festivales e incontables pequeños teatros, cabarets y
centros de actividades. (Christoph Münch)